Semana en Marruecos



Publicado por Lete

20 Septiembre 2008

Los franceses utilizan el verbo dépayser para indicar un completo cambio de hábitos, clima o costumbres, en definitiva un choque cultural y ambiental que se produce cuando visitas un país o región que dista mucho de la tuya y que propicia el desconectar de tu lugar de origen e imbuirte de una forma de vida que te resulta totalmente ajena.

Seguro que Rua va a sufrir algo así cuando se nos pire para la India (de hecho parece que es eso lo que pretende) y es lo que experimenté este pasado agosto el poco tiempo que disfrutamos un grupo de amigos en este país que está muy próximo y muy lejano a la vez… Porque esta es la percepción del viaje que te puedes hacer si llegas a Marruecos en tu propio vehículo al puerto de Tánger, y en ese preciso instante comienza lo que te parece un caos absoluto, si lo comparas con otras experiencias como un Calais-Dover por dar un ejemplo de compostura y orden en el desembarco. Así que cuando te topas con más de mil vehículos arremolinados pitando (la mitad queriendo salir del puerto y la mitad queriendo entrar en el ferry) te das cuenta de que la distancia entre Tarifa y Tánger es bastante mayor que la franja de estrecho que las separa. ¿Venías buscando el dépaysement? Pues toma taza y media…

Continuamos con unos trámites aduaneros que puedes hacer a través de un “gorrilla” que te vende la moto de que te va a agilizar la salida, por unos dirhams claro, (cuando regresas es la misma historia) y después de nada, dos horas, comenzamos el recorrido planeado rumbo al primer destino, Casablanca cuyo máximo interés turístico es su inmensa mezquita. Aparcamos a 10 metros del hotel en zona azul, el de la “OTA” de allí nos dice que adelante que sin problemas, y en cuanto entramos al hotel doblando la esquina el tío aprovecha para colocarnos un cepo en uno de los coches e intentarlo en el otro hasta que lo para el conserje del hotel. Qué quieres… el tío se saca un sobresueldo apalancando coches a primos para rascar unos dirhams extra, de hecho los cepos los tenía allí preparados, candados a una barra al otro lado de la calle… y es que puedes alucinar con la cantidad de gente que se gana la vida en la puñetera calle, aquí diríamos trapicheando. Es su idiosincrasia el cambalache, el venderte todo lo comprable y el regateo a muerte por agotamiento. El paroxismo total es el zoco, inevitable en toda ciudad o pueblo, generalmente ubicado en la medina o barrio antiguo, y compuesto por una maraña tal de calles, que para salir de ellos (Fez o Marrakech son buenos ejemplos) necesitas una brújula o un guía. Si a la desorientación le añades las altas temperaturas, la estrechez de las calles, el acoso de los vendedores de los puestos y el andar esquivando burros y motos, comprenderás bien porqué a la hora como máximo ya estábamos pidiendo clemencia en todos los casos.

Sin embargo los calificaría de visita obligada, es ver la vida en estado puro y un viaje al pasado en el tiempo. Los puestos de los alimentos básicos se intercalan con los de ropa, calzado, artesanía, alfombras, antigüedades y puedes observar laborando a multitud de especialistas en oficios que se han perdido en nuestro país, como por ejemplo los curtidores de Fez. Es de admirar su esfuerzo en un trabajo duro e ingrato. Por cierto, la medina de Fez (el Bali), es la mayor zona peatonal del mundo, y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981. La recomendaría por encima de cualquier otro zoco visitado, incluido el de Marrakech, que es menos auténtico pues está más dirigido al turista por lo que además es todo más caro. Aunque no hay que perderse el paseo obligado por su gran plaza Jamaa el Fna, como explica la Wikipedia: “Todo en Marrakech gira en torno a Jamaa el Fna. Miles de personas se dan cita en este espacio público llenándolo de color, cultura y negocio. Contadores de cuentos, maestros exponiendo sus enseñanzas, encantadores de serpientes, danzantes, dentistas, vendedores de zumos de fruta, acróbatas, escritores de cartas, aguadores…”. Un espectáculo, sin duda…

De todas formas, el mejor recuerdo del viaje se encuentra para mí en el recorrido que hicimos de norte a suroeste, y de sureste a norte, donde percibes que Marruecos es un país de grandes contrastes. Y pudimos ser testigos de primera mano por ejemplo de un día de mercado en un pueblo perdido, acabando parados en la carretera rodeados de cientos de personas. O ver de cuando en cuando, cuatro personas en una moto, diez en un coche, pickups con gente atrás montada junto a los animales, camiones con cargas que superaban con creces al volumen del camión… También pasamos de desiertos a oasis, de zonas de altiplano a cordilleras, o de casi 50 grados a 13. Serían muchas las anécdotas para contar. Un día al salir de una curva con poca visibilidad nos encontramos con el trasero de un burro en medio de la carretera que ni se inmutó cuando lo esquivamos (como que no nos vio). Otro día nos paró la policía por adelantar en línea continua a dos camiones y como en Marruecos todo se regatea, lo que empezó por 800 dirhams acabó en 200 y dos cervezas, que los dos maderos se repartieron como buenos colegas, 100 por cabeza y lata de cerveza Casablanca con una sonrisita.

En otra jornada de muchos kilómetros llegamos a Rissani, cerca de Merzouga a las puertas del desierto del Sahara sin nada reservado y nos paró en un cruce un guía que se encargó de todo por un precio módico: alojamiento en una kasbah hecha de adobe, excursión con camellos y noche en el desierto en una jaima en la gran duna de Erg Chebbi. Una de las mejores experiencias, dormir al aire libre viendo las estrellas y contemplar el amanecer desde una gran duna, tan enorme que alquilaban esquís para descenderla. Lo sé, soy un mierda por no haberlo intentado, un chaval del grupo sí que se hizo un par de bajadas con mucho estilo por cierto.

En fin, perdonadme la falta de rigor a la hora de explicaros el recorrido, pero trataba más bien de reflejar vivencias que de aportar datos útiles para el viajero, porque además una semana de estancia en un país no da como para sentar cátedra como comprenderéis… Lo que desde luego me atrevo a hacer es a animaros a visitar Marruecos si aún no lo habéis hecho, pues aparte de ser muy enriquecedor, os dará otra visión de los “moros” que atraviesan la península ibérica y que también habitan entre nosotros. Y entenderéis si hacéis el paso del estrecho la odisea que para ellos supone. Del conocimiento nace la comprensión y el respeto, y después de tratar con un buen puñado de ellos no puedo menos que decir que son una gente estupenda: cordial, simpática y hospitalaria. En fin, gran país para experimentar el contraste cultural del que os hablaba al principio, y no os lo voy a negar, también para apreciar a la vuelta las comodidades de las que aquí disfrutamos.

8 Comentarios en este Post

  1. Belita Says:

    Que viaje más chulo. La verdad que lo hemos pasado muy bien. Para mi lo mejor del viaje ha sido ir con mis amigos y el master en conduccion que se han llevado los choferes, que despues de hacer casi 3.000km se han convertido ya en pilotos experimentados.
    No es fácil sortear todo tipo de obstaculos : burros, gente por todas partes, motos en direccion contraria, borrachos autoctonos etc..

    ¿Donde será el proximo?

  2. peke saltamontes Says:

    que suerte que viaje mas guapo llevadme la proxima vez

  3. leton Says:

    está pendiente un viaje a jerusalen, eh ralph?

  4. Ralph Says:

    Lo ke pasa lete es ke tienes mas miedo ke verguenza…. :oops:

  5. leton Says:

    vamos a ver… IREMOS… pero el palestino mejor te lo dejas en casa…

  6. leton Says:

    gracias chineseLocker, cheers mate

  7. formikito Says:

    Pais maravilloso…

  8. leton Says:

    cierto formikito, habrá que volver porque el país merece más de una visita y una semana…

2 Trackbacks For This Post

  1. chineseLocker Says:

    hi…

    Thank you! I would now go on this blog every day!…

  2. imobi Says:

    hey…

    memorized…

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