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CineLeton. “Crossroads” o “Cruce de caminos”

Posted on 06 Febrero 2008 by Lete

Escribe: Leton

Recuerdo que el bueno de Carlos Pumares decía que de algunas películas no recordamos prácticamente nada de su trama, pero cuentan con alguna escena memorable que ha pasado a formar parte de la cultura popular, como las faldas al viento de Marilyn en La tentación vive arriba, el baño en la Fontana de Trevi de Anita Ekberg de La dolce vita, o como ejemplo que él siempre citaba, la persecución de coches de Bullit con Steve McQueen a los mandos de un Ford Mustang detrás de los malos por las calles de San Francisco.

Definitivamente una de las mejores persecuciones de coches que he visto en una película, pero ¿quién se acuerda de qué iba?

Pues todo esto viene a cuento porque el largometraje del que hablamos hoy para mí no fue un peliculón cinco estrellas, lo calificaría tan solo de entretenido, pero contiene una de esas secuencias que se te graban de forma indeleble en el disco duro sin remedio.

La cinta en cuestión es Crossroads, que se llamó Cruce de caminos en España. Y acierto a recordar que al final, el protagonista, ‘Karate Kid’ Ralph Macchio se la juega a muerte en un duelo de guitarras con el guitarrista del Diablo, a la sazón el fenómeno de Steve Vai.

Podéis ver las proezas técnicas que ejecuta este monstruo con ambas guitarras (a excepción de las partes de slide guitar tocadas por Ry Cooder), pues el bueno de Macchio tan sólo mueve las manos, aunque de forma muy convincente todo hay que decirlo (al menos para mí que no soy un experto):

Tratándose de uno de mis instrumentos favoritos, flipé bastante en su día cuando lo vi y he vuelto a disfrutar encontrándolo en la red. El tema que Steve Vai finalmente no puede superar parece estar basado en el Capricho #5 de Paganini, otro músico que alcanzó cotas insuperables con su instrumento, el violín.

Sería tema de debate si al bueno de Vai aunque rebosa técnica no le falta un poco de alma, como a su personaje en la película de aliado del maligno. Me ha pasado con guitarristas técnicamente prodigiosos como Stanley Jordan (todavía conservo un vinilo suyo, Standards Vol.1) que aunque los admiras, no te acaban de enamorar. Sospecho que el auténtico disfrute sería verlos en directo, donde el efecto de presenciar con tus propios ojos el despliegue insólito de recursos que poseen debe ser impactante. Vamos, como escuchar el comienzo de ‘whish you were here’ a David Gilmour con su banda Pink Floyd en Donosti hace años…fue la leche.

En fin, perdón por meterme en temas que les corresponden a los expertos en música de la página, pero el cine y la música están íntimamente ligados y tratándose de música de cine habría muchas páginas que rellenar, eso sí, como en los toros, con el permiso de la autoridad competente.

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