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Senderos de gloria (1957) Stanley Kubrick

Posted on 07 Agosto 2008 by Lete

El tiempo hace estragos, es indudable. Sin embargo, reconforta comprobar que hay constantes en nuestra vida que permanecen invariables como si fueran el numero Pi, inmutables en su grandeza, o que incluso parecen mejorar sensiblemente con el paso de los años como si descubriéramos en ellas nuevos valores más allá del 3,1416 con el que nos habíamos contentado en un principio. Pues confrontados a una obra de arte como la que hoy nos ocupa en épocas sucesivas de nuestra vida, nos es grato comprobar que la emoción producida en su primer visionado permanece intacta, y que además seguimos encontrando en ella nuevos elementos que nos enriquecen a nivel intelectual y humano, lo cual, sinceramente, está al alcance de muy pocas películas.

Hablamos hoy de la obra de un Stanley Kubrick con 29 años, que ya había dirigido otra obra maestra el año anterior, el clásico de cine negro “Atraco perfecto” (The killing) y que filmaría inmediatamente después una de las mejores películas de romanos de la historia: “Espartaco” (el maestro no repetía género) y me resulta curioso después de meditarlo, darme cuenta que son estas obras tempranas mis filmes favoritos de Kubrick, con la excepción de 2001 por supuesto. Digo esto sin querer restar valor a ninguna de sus obras posteriores, pues una cinta menor de este genio nacido en Nueva York (para mí Full Metal Jacket por ejemplo lo es) ya les hubiera gustado a muchos advenedizos realizarla en el cenit de su creatividad.

Porque una película de Kubrick es siempre algo especial, por su visión única y su talento para mostrarnos una historia con una perfección clínica que no hay que confundir con frialdad, demostrando un dominio absoluto de su profesión de auténtico orfebre y un interés casi enfermizo por los más mínimos detalles de sus obras.

Esto está presente en grado superlativo en Paths of Glory en un trabajo impecable tanto tras la cámara como en la escritura de parte del guión, basado en un libro de Humphrey Cobb que narra una historia terrible, que tenía que ser contada con agallas, sin paños calientes. Y es así, con concisión, sin detalles superfluos como nos conduce durante la carnicería que supuso la enquistada guerra de trincheras en la 1ª Guerra Mundial a través del frente franco-alemán, a un proceso aberrante contra tres soldados que son acusados de cobardía frente al enemigo para cubrir las miserias de sus abyectos mandos, quienes moviendo desde sus lujosos “chateaux” sus peones en el tablero del conflicto con cínico desprecio, habían planteando una ofensiva suicida y absurda para calmar a la opinión pública.

Y resulta espléndida esta doble visión alternada ora de la clase dirigente ora de la soldadesca como si de aquella estupenda serie británica “Arriba y abajo” se tratara. Pues nos muestra la distancia sideral de dos estratos que en vez de vasos comunicantes son más bien un terreno de experimento de los unos para los otros. Y muchísimos de los personajes que tú y yo nos encontramos en nuestra vida cotidiana están ahí presentes en ambos microcosmos: el arribista, el pelota despreciable, el simple, el cobarde… pero me quedo con el práctico y cínico personificado en el General George Brulard, el magnífico Adolphe Menjou quien se sale literalmente de la pantalla y el idealista y honesto Coronel Dax (Kirk Douglas) quien consigue dar una perfecta réplica a su superior en una interpretación antológica. Para mí ésta es la verdadera batalla decisiva, la que debe librar la decencia y humanidad de Dax contra la despiadada practicidad de Brulard capaz de viviseccionar vidas humanas del colectivo que dirige con fría precisión. Su “duelo” final presenta la clave de la película.

Destacaré también otros tres momentos favoritos en un filme repleto de ellos: el consejo de guerra con un alegato desgarrador del defensor Dax, la larga secuencia de los condenados avanzando hacia el patíbulo, y en fin, no descubro nada, la secuencia final que ha hecho correr ríos de tinta merecidamente y que es capaz de poner un nudo en la garganta hasta a un auténtico pedernal emocional como el que suscribe. La actriz que canta por cierto, Christiane Kubrick, se convertiría en la mujer del director y permaneció con él hasta el final de los días del genio norteamericano.

Coincido con lo que he leído a cuenta de la opinión del propio Kubrick sobre el tema de la película, no catalogándola como antibelicista, sino como anti-autoritarista. En mi opinión si hay un concepto que deja claro esta cinta es que el ser humano no está capacitado ni para dirigir una comunidad de vecinos, y mucho menos el destino de miles de vidas ajenas especialmente cuando las “virtudes” que adornan a muchos dirigentes son la ambición, el hambre de poder y el desprecio por el semejante.

Después de lo dicho entenderéis porqué me producía tal respeto este filme que he debido reunir el coraje suficiente para estar a la altura de las circunstancias, pues me veía en la obligación moral de intentar despertar un interés irreprimible en aquellos que no han tenido la fortuna de ver aún esta película, de modo que al concluir la lectura de esta humilde reseña SALGAN CORRIENDO A HACERSE CON EL DVD… pues os lo aseguro, es de visión IMPRESCINDIBLE.

Momentos:

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